Apenas
un año después del torneo de Chile la Federación
Sudamericana dispuso realizar un certamen de carácter "Extraordinario",
o sea que no estaba en juego la Copa América, aunque el torneo
correspondía a la competencia sudamericana.
Así el de 1956 se convirtió en la edición número
24 del certamen, y la selección uruguaya volvía a lucir
su temple y estirpe copera cuando el Centenario era testigo de sus partidos
como en aquella oportunidad. Seis países participaron: Chile,
Argentina, Brasil, Paraguay, Perú y Uruguay, el local.
El 21 de enero de 1956, en el Centenario, los locales arrancaron dando
cuenta de Paraguay 4-2 con dos goles de Escalada, uno de Míguez
y otro de Roque.
En este torneo las decepciones tomaron forma en Paraguay, que poco o
nada aportó en los cotejos que jugó, y en Brasil, que
se mostró como obligado a intervenir, con diferencias con la
directiva del fútbol de su país.
Apenas un triunfo frente a Perú por 2-1 y otro ante Argentina
por 1-0, lo de Brasil fue muy discreto, a tal punto que en uno de los
partidos realizó un papelón cuando le correspondió
enfrentar a Chile.
El 24 de enero en el mismo Centenario, los chilenos golearon 4-1 al
conjunto brasileño con dos goles de Hormazábal, uno de
Meléndez y otro de Leonel Sánchez. Maurinho descontó
para Brasil.
Ese Brasil estaba integrado con Gilmar, Djalma Santos, Mauro, Ramos,
Zito, Juliao, Maurinho, Del Vecchio y Alvaro. Fue un equipo de habilidosos
envueltos en una pesadilla y su floja actuación repercutió
en una grave crisis en la Federación Brasileña de Fútbol.
En tanto Uruguay, con su tradicional garra iba arribando a la final
merced a sus triunfos ante Chile (2-1) Perú (2-0) y Argentina
(1-0) en un partido a estadio lleno (unas 80 mil personas) Por su parte
Argentina tampoco cuajó una buena actuación y debió
conformarse con un pálido tercer puesto. Perú, por su
parte, finalizó último con cuatro derrotas y un empate.
En cambio, la selección chilena ratificó su notable campaña
de la anterior versión, destacando nuevamente la ofensiva como
bloque principal, conformado por Ramírez, Hormazábal,
Meléndez, Muñoz y Leonel Sánchez.
A pesar de no ser una de las mejores actuaciones de Uruguay, su título
fue absolutamente merecido, ya que, a excepción suya y de Chile,
los demás rivales anduvieron por debajo de las expectativas.
El uruguayo Omar Míguez fue nombrado el mejor jugador del torneo.
El chileno Enrique Hormazábal fue el goleador con cuatro tantos
convertidos.